¿Qué son los patrones patológicos?
Los patrones patológicos son conductas conscientes o inconscientes en las que una persona se puede ver envuelta para eludir, escapar o evitar diferentes desafíos en su vida. A veces están claros, otras veces son sutiles, pero en definitiva dificultan el desarrollo de las diferentes áreas de tu día a día.
Lo que hace difícil trabajar los patrones es que, al ser tan conocidos, se vuelven invisibles. Son «nuestra manera de ser», no algo que percibamos como un problema hasta que las consecuencias se acumulan. Por eso muchas personas llegan a consulta sin saber exactamente qué les pasa, solo con la sensación de que algo no funciona.
Por ejemplo: por miedo a sentir que fracaso o que puedo decepcionar, quedarse inmóvil y ponerse excusas. Generalmente se trata de miedos que nos acompañan y que en función de las circunstancias pueden guiar nuestras vidas total o parcialmente.
Los patrones no tienen por qué ser claros en un principio. Hay veces que uno puede tener simplemente la sensación de que «algo va mal».
Señales
Los más frecuentes que he observado son:
- Miedo al fracaso.
- Miedo al éxito.
- Miedo a la soledad.
- Miedo al conflicto.
- Miedo al ridículo.
- Miedo al rechazo.
Todos en parte tenemos o hemos tenido estos miedos. La diferencia entre un miedo y un patrón patológico es el alcance de dicho miedo y la cantidad de estrategias que hemos ido desarrollando a lo largo de la vida, por lo que el problema original ha quedado difuminado entre autoengaños, conductas de evitación y conductas de sobrecompensación que la persona no percibe como tales.
Cómo trabajamos en PSINCRO
Los patrones se trabajan en dos fases. En primer lugar, identificaremos el patrón para después hacerlo consciente, procurando entender de dónde surge y exponiéndonos a ciertas situaciones hasta ahora evitadas. Obviamente es un proceso que requiere tiempo — el cambio no tendrá lugar de la noche a la mañana.
En segundo lugar, trabajamos en desarrollar respuestas alternativas, no borrando el miedo de raíz, sino aprendiendo a actuar a pesar de él, de forma gradual y sin forzar.
Trabajar un patrón es trabajar la raíz del problema, entendiendo que los síntomas son una manifestación del «miedo original». No tiene por qué haber siempre un patrón patológico; sin embargo, independientemente de su existencia, trabajar los síntomas también es importante — son como las dos caras de una misma moneda.
Preguntas frecuentes
La pregunta correcta no es si «eres así», sino si esa forma de ser te está causando sufrimiento o limitando tu vida impidiendo el desarrollo normal de otras áreas. Un patrón patológico no es un rasgo inmutable: es un mecanismo aprendido que en algún momento tuvo sentido y que ahora ya no te sirve.
Identificarlo suele ser más rápido de lo que se espera: en pocas sesiones suelen aparecer los primeros hilos. Trabajarlo lleva más tiempo — hay que «darse cuenta de verdad», construir nuevas respuestas y practicarlas. La duración depende de cuánto tiempo llevan presentes y de la disposición personal a cambiar.
Frecuentemente sí, aunque no siempre. Muchos se forman en la infancia porque es cuando aprendemos a relacionarnos con el mundo. Pero también pueden formarse en la adolescencia o en la edad adulta, después de experiencias difíciles. Lo relevante no es cuándo se formaron, sino cómo funcionan hoy.